Hábitos visuales – el parpadeo

Los hábitos son de las cosas más curiosas. Su propósito es ayudarnos a funcionar en el ambiente en que vivimos; la forma que toman depende de nuestros condicionamientos hasta ahora. Al iniciar, éstos son conscientes, pero gradualmente se vuelven inconscientes; dejan así de ser influenciados directamente por cambios circunstanciales. Quiere decir que los viejos hábitos pueden seguir afectando nuestro camino incluso cuando nos encontramos en otras circunstancias que, a lo mejor, requieren comportamientos distintos.

Para sustituir estos viejos patrones por unos más apropiados, primero debemos recobrar la conciencia sobre su existencia y su forma; luego debemos aprender a variarlos, según los requerimientos del caso. Cuanto más rápido realizamos un movimiento es más difícil estar consciente de él; las acciones repentinas no pueden ser seguidas por nuestra conciencia. Solamente cuando desaceleramos podemos estar conscientes a tiempo.

En el caso del ejercicio de acomodación indicado en el artículo Secretos De La Reconstrucción Visual, cuanto más lento enfocamos de un punto a otro, más claro sentimos el cambio muscular en los ojos; de esta manera, el cerebro puede redirigir mejor estos hábitos musculares hacia un funcionamiento más suave y relajado.

Ser conscientes de esto es el punto crítico, en especial en casos de miopía y presbicia.

Otro hábito del que debemos tomar conciencia es el parpadeo. Por naturaleza los ojos pestañean para mantener la lubricación de la superficie de los ojos (conjuntiva). También para detener un tiempo el flujo de información hacia el cerebro y proporcionar a la retina un momento de descanso, tal como lo hacen la coma o el punto aparte con el flujo de palabras e ideas en la página.

El parpadeo también puede ser afectado por las emociones. Las personas que temen dejarse ir, abandonar lo conocido y aventurarse en lo novedoso tienden a pestañear menos que quienes les gusta las transiciones de un tiempo a otro. ¿Cómo es usted? ¿Al leer estas líneas está consciente de su parpadeo? ¿Cierra los ojos por un momento cada tantas líneas o mira fijamente sin hacerlo por periodos más extensos?

Algunos pestañean rápido, como si desconfiaran perder el contacto con el mundo exterior. Otros lo hacen muy lento, como saboreando su intimidad y proporcionando un balance entre la conciencia interior y la exterior. ¿Cómo lo hace usted? Cuando converse con alguien, observe sus ojos; es fascinante percatarse cómo nos afecta cuando la persona parpadea lentamente al hablar y cuando nos mira fijamente sin aliviar el contacto. Volverse consciente de estos actos permite abrirse a una nueva realidad.

El parpadeo normal ocurre cada 5 o 10 segundos, pero no se trata de establecer reglas rígidas; hágalo como prefiera.

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Lech K. Bitka

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